Llevamos dos años usando el programa a diario (en cada sesión repasamos cien refranes y una veintena de adivinanzas), y hemos sacado algunas conclusiones tanto sobre el uso del programa como la redacción de los mensajes, que no había visto mencionar en la extensa literatura dedicada a la positivación y el control mental.
Los gráficos del comportamiento durante la sesión han probado su validez como un
termómetro preciso del estado de uno.
En especial, es significativo el de la reacción (el del tecleado se iguala a poco que uno
se acostumbre al programa).
Antes que nada, se puede apreciar que siempre reflejan el bajón de alguno de los
biorritmos: raras veces falla ese día en que las gráficas se disparan hacia arriba.
Suele producirse cada 20 o 40 días, según cada individuo concreto.
Por la duración de ese bajón podrá deducir cuál de los biorritmos es el determinante
para que esté en buena forma -el mental, el emocional o el físico- y de este modo,
buscar estímulos adecuados para remediar el bajón cuando la fecha se acerca (problemas
lógicos, un CD de música o el ejercicio).
El bajón biorrítmico suele reflejarse en la curva del TECLEADO. A poco de usar el
programa suele convertirse en una línea plana.
Si vuelve a formar picos, y ocurre más de dos veces al mes (lo normal es una, y algunos
meses, ninguna), es motivo de alarma: existe alguna preocupación grave que no le deja
concentrarse en lo que hace.
Busque resolver ese nerviosismo por otros medios: una película divertida o unos
ejercicios de relajación, en caso de que domine la técnica, pueden dar resultado.
Como observación curiosa, señalaremos la frecuente divergencia entre la apreciación
subjetiva del estado en que uno se encuentra y la objetiva.
Ocurre, por suerte sólo a veces, que cuando uno se cree encontrarse a caballo del mundo,
sus reacciones están incluso por debajo de sus peores momentos: está aletargado, la vida
se ha vuelto literalmente un sueño. Su buena forma existe sólo en su mente.
Los gráficos reflejan la eficacia del mensaje de forma casi instantánea.
Si al cabo de dos sesiones suficientemente largas (de más de 50 intentos) la gráfica
está bajando, cambie de mensaje de inmediato.
En ocasiones le puede sorprender el efecto contraproducente de un mensaje aparentemente de
lo más positivo.
Y aquí viene una observación IMPORTANTE.
A veces uno se dejasseducir por una frase redonda que ha leído o escuchado en una
canción o película.
Parece que se ajusta a sus objetivos a la perfección.
Sin embargo, una vez metida en el mensaje, no funciona.
Lo que ocurre es que le sume en ese aletargamiento del que hemos hablado antes.
Muy al fondo de su conciencia le devuelve a esa película o a esa persona a la que la
había escuchado pronunciar, y usted se mete en su piel, se sale de su propia vida, deja
de ser usted.
De aquí una regla importantísima para que el mensaje resulte eficaz.
Tiene que inventarlo usted mismo.
El mensaje tiene que estar compuesto de las palabras que le salen de su interior.
Por torpe que resulte esa frase, dará resultado.
Cada uno tenemos nuestro lenguaje privado que tal vez nunca usamos con otra gente.
(De la misma forma que nunca hablamos exactamente igual con diferentes personas.)
Para hablar con uno mismo y hacerse entender, se ha de expresarse en ese lenguaje secreto.
Es probable que aún no lo haya descubierto.
Deje correr la lengua por ejemplo, mientras se ducha o si se sorprende a sí mismo
hablando a solas.
Preste atención y siga hablándose.
Pregúntese sobre lo que quiere.
Pregúnteselo otra vez.
Insista un poco más.
Ya verá cómo salen sus verdaderos deseos, y habrá más que uno.
Hablar a solas no es cosa de locos.
La diferencia está en dónde y cuándo lo hace.
Nos educan para hacernos de menos.
Sin embargo, el mejor compañero que tiene cada uno, es uno mismo y no se ha de dejarlo
desatendido.
Casi todo el mundo habla a solas en momentos de enfado: las palabrotas es ese discurso que
nos endilgamos.
Pero ni el amigo más fiel nos duraría mucho si no le lanzáramos más que palabras de
odio.
Acostúmbrese a hablar con su "niño", o "niña interior", tal como
enseñan los especialistas en la positivación ("Ahora, Pepín, te voy a comprar un
helado," "aguanta un poco más a ese pesado, Carlitos, que en seguida nos vamos
a casa", etc.).
NUNCA intente buscar ese lenguaje íntimo bajo efectos del alcohol o de otros
estimulantes.
Si alguna vez ha probado las frases de positivación y no le han dado resultado, sin duda
se ha debido a que usaba un lenguaje inadecuado.
Para empezar, si no está muy versado, o versada, en el asunto, limítese a usar palabras
sencillas, sin rimbombancias.
En pocos días comprobará que esto funciona.
Lo que necesita saber sobre los mensajes subliminales y este programa
El valor añadido: los gráficos
Cómo han de ser los mensajes subliminales
Redactar un mensaje subliminal